Los gatos no solo se destacan por su pelaje: los llamados bigotes, conocidos técnicamente como vibrisas, son órganos sensoriales altamente especializados. Están conectados a una compleja red nerviosa que les permite registrar cambios mínimos en el aire y en las superficies que los rodean. Esa información constante influye de manera directa en su comportamiento y, según observaciones veterinarias y etológicas, puede derivar en lo que se conoce como fatiga o estrés de los bigotes.
Este fenómeno se manifiesta, sobre todo, en situaciones cotidianas como la hora de la comida. Los cuencos profundos y estrechos obligan a que las vibrisas rocen de manera permanente las paredes del plato. Ese estímulo repetido no aporta información nueva y puede resultar molesto para algunos gatos. Como respuesta, ciertos animales sacan la comida con la pata, dejan restos en el plato o directamente evitan comer allí, un comportamiento que suele desconcertar a los dueños, pero que tiene una explicación sensorial.
Sin embargo, el concepto de fatiga de los bigotes no cuenta con un consenso absoluto dentro de la comunidad veterinaria. La bibliografía científica disponible es limitada y los estudios realizados hasta el momento no ofrecen conclusiones definitivas. Un trabajo publicado en 2020, que comparó el uso de platos bajos con cuencos convencionales, no encontró diferencias claras en la cantidad de alimento ingerido ni en el desperdicio, aunque sí detectó preferencias individuales de algunos gatos por los platos anchos.
A pesar de esa falta de evidencia concluyente, desde un punto de vista práctico muchos veterinarios, fabricantes de accesorios y cuidadores coinciden en que los cuencos bajos y amplios facilitan una postura más natural al comer y evitan el contacto constante de las vibrisas con los bordes. En gatos particularmente sensibles, este simple cambio suele traducirse en menos tensión durante la alimentación y en una reducción de conflictos cuando varios animales comen en el mismo espacio. Se trata, además, de una adaptación sencilla y de bajo costo.
Los especialistas advierten que no todos los cambios en la conducta alimentaria deben atribuirse automáticamente al estrés de los bigotes. Problemas dentales, trastornos digestivos, dolor o situaciones de estrés ambiental pueden provocar signos similares. Cambiar el tipo de plato puede ser una prueba inicial útil, pero si la conducta persiste, lo indicado es observar con atención y consultar al veterinario para descartar causas médicas.
El material del recipiente también cumple un rol importante. Plástico, cerámica y acero inoxidable son las opciones más habituales, cada una con ventajas y desventajas en términos de higiene y durabilidad. En gatos sensibles se recomienda evitar los platos de plástico, ya que pueden retener olores. Lo ideal es optar por un plato rígido, fácil de limpiar, ancho y poco profundo, adaptado a la morfología felina.
Como recomendación práctica, probar un cuenco bajo y amplio es una medida simple, sin efectos adversos y con potencial para mejorar el bienestar del animal. Si el cambio resuelve el problema, la solución está al alcance de la mano; si no, no conviene demorar la consulta profesional. La etología felina demuestra que cada gato es único y que sus preferencias pueden variar, incluso frente a detalles aparentemente menores como el plato en el que come.